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Espiritualidad constante

Introducción

Una de las cosas más difíciles en la vida de los seres humanos es la constancia.

La constancia para sostener un estilo de vida, determinados hábitos en la conducta y prácticas saludables que mejoran sustancialmente la calidad de vida. 

En este sentido al referirnos a la constancia, debemos comenzar por reconocer que es como un soporte de las demás virtudes de la vida.

Para los líderes cristianos, (o líder en cualquier área), se hace necesaria la capacidad de sostener determinadas conductas, disciplinar el hábito y permanecer firmes ante los fuertes vientos que rugen y sacuden la mente y las emociones, como asimismo la familia, el ministerio o tarea principal que el líder realiza.

Consideremos tres elementos que hacen consistente la espiritualidad de los líderes que sirven a los demás.

1. Arrepentimiento constante

Uno de los ejercicios más sanos para contar con un corazón saludable y una espiritualidad creciente, es incluir en el espacio diario de comunión íntima con Dios, la confesión, que dicho en lengua original significa “poner afuera”, es decir, poner en palabras lo que está en el corazón. 

El arrepentimiento es la habilidad de identificar las malas conductas. El arrepentimiento es un proceso interior, de sentirse compungido, y a la vez reflexionar en la urgente necesidad de hacer cambios, tiene que ver con una toma de decisiones que se hacen de manera consciente y frecuente. Es necesario confirmar este arrepentimiento, en momentos donde podemos verbalizar en presencia del Señor aquellas cosas que sabemos a la luz de la Palabra de Dios y a la vez sentimos en nuestra conciencia, que han ofendido y lastimado a Dios, que nos han descorazonado a nosotros y a la vez nos produjeron un sentido de frustración cuyo alcance está proporcionalmente relacionado con la falta, es decir, personal, familiar, amistades, iglesia, etc.

El proceso de aprendizaje al que invita el discipulado, significa un mejoramiento de la persona mediante un arrepentimiento constante, en el cual se reconocen acciones que no concuerdan con los principios de la Biblia, por lo tanto no agradan a Dios.

Recordemos que Jesús no va abogar por pecados que nosotros no nombramos y confesamos. 

Llevar una vida de arrepentimiento es reconocer ante Dios y los demás una “imagen real” de quienes somos.

John Bunyan, autor del libro “El Peregrino”, escribe: 

“Si no nombramos nuestras impurezas cuando son pequeñas y manejables, luego se tornan desmesuradas e incontrolables y en un momento de debilidad nos pueden llevar a una quiebra total”

2. Disciplina constante

Las disciplinas espirituales son esenciales para liberar el espíritu. Según Richard Baxter:

La palabra “disciplina” es fuerte para los tiempos que corren, va a contramano de la posmodernidad, se la asocia con militarismo, con religiosos fríos, distanciados de la gente, parece una palabra “dura”, para una sociedad, donde todo tiende a la flexibilidad, a una vida que se exprese de acuerdo en valores que tienen que ver con aquello que todo lo relaciona con “el sentirse bien”, con no atarse a condicionamientos externos, a mega relatos. 

Sin disciplina fracasamos porque estamos propensos al desánimo.

Muchas habilidades alcanzan su máximo desarrollo en la medida en que somos disciplinados.

Tomas Edison dijo con brillantez: 

“La genialidad es 1% inspiración y 99% transpiración”

3. Llenura constante

“Sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18b)… Este imperativo de Pablo a los creyentes, expresa en la lengua original “Sean constantemente gobernados por el Espíritu”.

  • Ser llenos del Espíritu Santo, significa entre otras cosas:
  • Ser dotados de una capacidad especial en nuestro testimonio y servicio…
  • Ser transformados en nuestro carácter en uno semejante al de Cristo. 

Ejemplo: Esteban en Hechos 7:60 
“Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió”

Al Espíritu Santo, según el Nuevo Testamento, se lo puede apagar, ignorar y resistir… lo cual trae consecuencias serias sobre nuestras emociones y personalidad. 

4. Visión constante

Según John Stott,

 “Visión es una profunda disconformidad con lo que es, y una clara comprensión de lo que puede ser… surge de la indignación por el estancamiento y se transforma en una diligente búsqueda de alternativas”

Esto se manifestó en Jesús, en su ministerio. Sentía indignación frente a la enfermedad, la muerte y el hambre de la gente, pues comprendía el propósito de Dios y según Stott, “pudo combinar de una manera poderosa indignación con compasión”. Esto es esencial para la visión y por lo tanto para el liderazgo.

Bernard Shaw dijo: 
“Tú ves las cosas tal como son y preguntas ¿por qué?; pero yo sueño cosas que nunca ha sido y pregunto ¿por qué no?”

Conclusión

 La conciencia de la presencia de Dios en nuestra vida y el sentido de dependencia, son elementos que favorecen sustancialmente el desarrollo y la madurez, a la vez que se retroalimentan con una espiritualidad constante, anclada en la confesión diaria, la práctica de las disciplinas espirituales, una vida llena del Espíritu, mediante un servicio en que se ejercitan los dones, inspirados por una visión que combine indignación con compasión.

Nicolás Marulla
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